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domingo, 3 de mayo de 2015

Rapa-Nui

Isla de Pascua
Ubicada en el vértice oriental del gigantesco archipiélago de la Polinesia, la Isla de Rapa Nui -también conocida como Isla de Pascua - tiene una historia muy particular. 

Desde su colonización inicial por inmigrantes polinesios, su extremo aislamiento favoreció el desarrollo de una cultura de rasgos únicos en el mundo, la que sólo ha podido ser reconstruida gracias al aporte de la arqueología y la etnología.
Hace unos tres mil años, navegantes procedentes del sudeste asiático se instalaron en las islas Tonga y Samoa, y a lo largo de los siguientes mil años iniciaron un proceso de colonización de la Polinesia. Desplazándose en oleadas sucesivas ocuparon la extensa zona situada entre Hawai, al norte, Nueva Zelanda, al suroeste, y Rapa Nui, al sureste. Hacia el año 600, arribó a la isla un grupo de colonizadores desde las islas Marquesas, que introdujeron una gran variedad de cultivos vegetales como el camote, el taro, el ñame, el plátano y la caña de azúcar, así como también la rata polinésica y la gallina que tuvo gran importancia para el intercambio. Según la tradición oral, el grupo habría estado encabezado por el Ariki Hotu Matu'a, quien fundó el linaje dominante que en el futuro controlaría el acceso a los puestos sacerdotales y políticos. Los hijos de Hotu Matu'a se convirtieron en los ancestros de las distintas tribus con un jefe supremo, el Ariki Mau.
Hacia el año 1.000, la sociedad de Rapa Nui alcanzó su máximo apogeo y experimentó un fuerte aumento demográfico, iniciándose la construcción de centros ceremoniales de culto a los antepasados, representados a través de gigantescas estatuas de piedra: los moais. En el contexto de una sociedad fuertemente estratificada, ordenada a través de linajes extensos que controlaban un determinado territorio, la construcción de altares a los antepasados y el levantamiento de los enormes moais, cumplían la función de reflejar el poder y cohesión interna de cada clan. El poder político estaba concentrado en el Ariki Mau, autoridad suprema de carácter hereditario, y en la casta sacerdotal, encargada de mantener las tradiciones religiosas y el culto a los antepasados.
El crecimiento de la población, que se estima alcanzó a las 10.000 personas, hizo que la presión sobre los recursos y la competencia entre los distintos linajes, se hiciera más intensa. La situación llegó al límite cuando la deforestación casi total de la isla impidió construir embarcaciones que podrían haber aliviado la presión demográfica sobre alimentos insuficientes. Los requerimientos de la clase sacerdotal se hicieron cada vez más difíciles de cumplir, y el poder de los ancestros ya no fue suficiente para sostener la cohesión interna de los linajes y el delicado equilibrio social.
A mediados del siglo XVII, o quizás antes, la situación hizo crisis, estallando un feroz conflicto interno en el que la gran mayoría de los moais fueron destruidos por clanes rivales. El reacomodo a la nueva situación ambiental fue lento y difícil, y cristalizó en el culto a Make Make -el Dios creador- y en la ceremonia del tangata manu -hombre-pájaro, en la que los distintos linajes competían anualmente por el poder político. El ganador asumía un carácter sagrado, debiendo vivir solo y aislado; mientras, su grupo adquiría un poder despótico sobre el resto de la población, que incluía sacrificios humanos a los dioses para así asegurar el bienestar para el año. Estas prácticas renovaron constantemente las hostilidades entre los grupos, produciendo un clima de permanente violencia y crisis social.
Durante el siglo XVIII visitaron la isla los primeros navegantes europeos, que fueron quienes dieron a conocer Rapa Nui ante el mundo. El siglo XIX, una serie de expediciones esclavistas y la llegada de europeos inescrupulosos, hicieron que la población se redujera al mínimo, víctima de la caza de esclavos y la viruela. Las jerarquías tradicionales se desmoronaron y la llegada de misioneros católicos a la isla reforzó la creciente aculturación. En 1888 el marino chileno Policarpo Toro, tomó posesión oficial de la isla, incorporándola al territorio chileno. El gobierno chileno arrendó la isla a una compañía que la convirtió en una gran estancia ovejera, reduciendo a los indígenas a meros empleados de ésta. En 1966, Rapa Nui volvió al Estado chileno tras el término del arrendamiento, y, desde entonces, el desarrollo del turismo y la revaloración de su patrimonio arqueológico, han marcado una nueva relación entre sus habitantes y el Estado chileno.
Fuente: http://www.memoriachilena.cl