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domingo, 14 de junio de 2015

Lula, Brasil

En Brasil, la corrupción no deja de aparecer y el Partido de los Trabajadores (PT) es el protagonista de antifaz. Fuera de los recientes escándalos de Petrobras por la distracción de US$1,500 millones, la Fiscalía General del Brasil ha iniciado contra el ex presidente Lula una investigación por tráfico de influencias.

Textualmente dice el resumen del proceso: “supuestas ventajas económicas obtenidas, directa o indirectamente, de la empresa Odebrecht, entre los años 2011 y 2014, con el pretexto de influir en actos practicados por agentes públicos extranjeros, notoriamente los gobiernos de República Dominicana y Cuba, este último con obras costeadas, directa o indirectamente, por el Banco Nacional de Desenvolvimiento Económico y Social (BNDES)”.

En junio del 2013, Lula viajero llegó al Perú. Luego de los discursos protocolares que se propinaron él y Humala, visitaron el proyecto Muelle de Minerales del Callao, en la Base Naval del primer puerto, valorado en 130 millones de dólares. ¿Quién lo construía? Odebrecht. El muelle tiene capital chino y es privado, aunque el contrato de concesión lo aprobó la autoridad portuaria del Estado peruano, en enero del 2011, mientras rechazaba cientos de concesiones mineras. Este muelle recibiría solo mineral de Toromocho (la empresa china Chinalco Perú S.A.). ¿Es que la mano de Lula lobbista jugó también aquí a favor de Odebrecht (y de sí), con el mismo modus operandi que en Cuba y en República Dominicana?
Fingidamente “popular, proletario, metalurgista y revolucionario”, recordemos que el PT de Luiz Inácio Lula da Silva fundó, junto al Partido Comunista Cubano, el Foro de San Pablo (1989), germen político de ese gang que hoy se llama “socialismo del siglo XXI”.